El Plan Marshall fue un proyecto pensado y ejecutado durante 5 años, surge al finalizar la II Guerra Mundial, y representa un hecho histórico-político muy importante en el mundo de hoy. Por lo que cabe la pregunta, ¿hasta qué punto es acertado emprender un proyecto político y denotarlo literalmente como el Plan Marshall?

En este sentido, «El programa de reconstrucción europeo» que inició el 5 de junio de 1947 y obtuvo su formalidad el 1° de abril de 1948; fue liderado por George Marshall, político militar y estratega que ocupó el cargo de Secretario de Estado de los Estados Unidos, junto a su equipo operativo representado por William Clayton y George Kennan. 

Se presentan dos razones por las cuales el Plan Marshall tuvo un gran impacto, y no deja de ser mencionado: 

1) Ocurre tras la devastación que generó la Segunda guerra mundial, como un proyecto conciliador entre Estados Unidos y 17 países europeos beneficiarios de la ayuda en distinta índole.

2) El financiamiento que sostuvo Estados Unidos fueron 13 mil millones de dólares destinados a múltiples servicios: alimenticios, maquinarias, vehiculares, infraestructuras, industriales y fundaciones de productividad.

Como es sabido, el Plan Marshall se convierte en una estrategia clave en un discurso político. El presidente español, Pedro Sánchez, solicitó el 22 de marzo a la Unión Europea un «Plan Marshall para afrontar esta guerra del Covid-19«. Su planteamiento está basado en las siguientes peticiones:

  • Un seguro de desempleo común.
  • Reclamo de una serie de eurobonos, también llamados «coronabonos» así denotan popularmente a los bonos de deuda europeos, para financiar inversiones y gastos sociales. 
  • Sostiene que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) financie los desembolsos necesarios.

De la misma manera, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, aboga por implantar un Plan Marshall, y la Unión Europea tras diversas reuniones respalda el 23 de abril un acuerdo sobre un plan de reactivación común. Y el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, sostuvo: «hemos acordado establecer un fondo de recuperación que es necesario y urgente», dicho instrumento «tendrá una suficiente magnitud, y se dirigirá a los sectores y áreas geográficas más afectadas» por esta «crisis sin precedentes«. Sin embargo, no se aclara cuáles serán sus niveles de impacto. 

En dicho encuentro que tuvo una duración de 4 horas, los jefes de Estado o de Gobierno, suscribieron el acuerdo del Eurogrupo sobre sendas redes de seguridad para los trabajadores, las empresas y los Estados, que ascienden a un total de 540.000 millones de euros.

Dentro del contexto planteado, el Consejo Europeo no ha llegado a un consenso final. Es interesante destacar la disputa que se ha venido manifestando entre los países del Norte (Alemania, Países bajos, Austria y Finlandia), y los países del Sur  (Italia, España, Francia, Portugal y Grecia). Los países del Norte sostienen que el apoyo económico hacia los países del Sur se realice mediante deudas, ya sea con el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) u otro organismo competente, con requisitos obligatorios a cumplir por un determinado período de tiempo. En contraste, los países del Sur, beneficiarios de la ayuda, manifiestan que la mayor parte del apoyo sea a «fondo perdido e incondicional». 

Desde una perspectiva cuantitativa, la brecha entre estos dos bloques, se expresa de la siguiente manera:

-La media de deuda pública de los países de la UE está alrededor del 85% del PIB, pero existen amplias diferencias: en Grecia es del 177%, Italia del 135%, Portugal del 118%, Francia del 98% y en España del 96%; por el contrario, en los Países Bajos es del 49%, Finlandia del 59% y en Alemania del 60%.

El desafío que enfrentará la Unión Europea para lograr la cohesión de sus miembros no es sencillo. Será también una oportunidad para que los diversos encuentros europeos que se han desarrollado, adquieran ese contenido político sustancioso que pueda permitir el avance de cada país, de acuerdo a sus realidades. 

 

Hipótesis: 

 

El Plan Marshall hoy es utilizado como argumento central en el discurso de los líderes europeos, para identificarlo con políticas de ayudas comunitarias a sus respectivos Estados, hecho que le ha desvalorizado su significado, debido a las siguientes razones:

Contexto histórico: El Plan Marshall surge tras una Guerra Mundial, para ayudar de manera integral (materia prima, bienes industriales) a una red de países, mientras que la Unión Europea lo plantea durante una pandemia, que no deja de terminar por completo, y la ayuda es netamente financiera. 

Financiamiento del Plan: En 1948, la ayuda financiera fue realizada por Estados Unidos para ser destinada a 16 países europeos. En contraste, la UE estaría realizando un «autofinanciamiento», y con el trasfondo del inevitable conflicto entre los dos polos Norte y Sur.

Tiempo de Planificación: George Marshall junto a su equipo tuvieron una planificación exhaustiva para poder darle sentido pragmático a este plan, no surgió de la inmediatez, la iniciativa fue el 5 de junio y 10 meses después es que adquiere formalidad y operatividad. Por el contrario, la UE bautiza un plan Marshall en cuestión de 1 mes y medio (09 marzo inicio de la pandemia- 23 de abril cumbre del Consejo Europeo).  

Problema humanitario: El enorme costo humano de la II Guerra Mundial, deja  una cifra de hasta 70 millones de muertos. En cambio, las pérdidas humanas por contagio de Covid-19,  son alrededor de 362.000 en el mundo.

La operatividad y trascendencia del Plan Marshall, se realizó en un contexto muy particular, hoy por carencia de pensamiento, vacío e inmediatez de planes concretos de los gobernantes y dirigentes, parecen estar condenados a utilizar los términos, sin tener la claridad de la magnitud del significado.