Memes: ¿El principal enemigo de Juan Guaidó?

24 octubre 2021
Publicado por: Ronald Goncalves

Con el transcurso de los años, los memes han cobrado una relevancia mayor al mero entretenimiento. Estas células, pese a su inherencia predominantemente humorística en la era digital, se han convertido en un popular mecanismo en difusión de información.

 

Presidente (E) de Venezuela Juan Guaidó / Fuente: La Gran Época.

Presidente (E) de Venezuela Juan Guaidó / Fuente: La Gran Época.

 

Actualmente, son un claro reflejo cultural de nuestra civilización, pero en Venezuela lograron trascender y representan una herramienta para sortear la hegemonía comunicacional del régimen. Más que comedia, son un canal de expresión, de interpretación de la realidad y de manifestación. Así como sujeto de tales disertaciones, y al igual que Maduro, Capriles y demás, Juan Guaidó tampoco se ha salvado frente al escarnio ‘memístico’.

En tal sentido, los memes también han inducido a una colosal simplificación de la coyuntura, reduciendo al máximo complejas situaciones políticas, económicas y sociales. De esta manera, la dinámica venezolana se ha difuminado, quedando en el limbo entre el humor anestésico y la ignorancia apática.

El contexto se ha visto relegado a un vacuo análisis, que paradójicamente, ha creado la noción de ser más doctos sobre los aconteceres nacionales. La realidad, por infortunio, es en extremo contraria, e ignoramos más que antes la realidad, debido a la distorsión de los prismas que la perciben. Y el interinato presidencial ha pagado en legitimidad las consecuencias.

 

Del mesías al fariseo, del todo a la nada

 

A lo largo del último año, los índices de aprobación de Guaidó como Presidente Interino de Venezuela han descendido. De manera estimable -40.9% en febrero de 2020, según registra Datanálisis a través de Pauta-. La duda impera sobre la seguridad, y la población se ha quedado nuevamente sin un referente al que encomendar la solución de las contingencias nacionales.

Con una crisis económica más ahincada, y una pandemia que ha agudizado todo mal existente, una vez más la ciudadanía se ha vuelto desconfiada. Aunque, más que desconfiada, se ha vuelto antagónica, y ha creado una nueva narrativa para replicar y satirizar sin cuestionamiento: Guaidó no hace nada

Sea cierta o no dicha visión, es la apreciación de la realidad que las redes han configurado, y ha originado innumerables memes alusivos. Por ende, según la óptica social, Guaidó equivale a un can que ladra, a un cero en una suma, o a una imagen en blanco. Un representante que, haga o deje de hacer, cumpla o no prometa, ha quedado estigmatizado como una figura sin poder, carente de influencia palpable. Y quizá, sea una perspectiva aceptada por simple ocio, por apelar a la tranquilidad y al escape que los memes son capaces de representar. Empero, exista alevosía o no, que el interinato ha perdido apoyo, no es cuestión de perspectiva. Y los memes lo han profundizado.

 

Ejemplo de un meme sobre Guaidó / Fuente: FinoFilipino.

Ejemplo de un meme sobre Guaidó / Fuente: FinoFilipino.

 

La posverdad en detrimento de la cruzada democrática

 

Ergo, al igual que la supremacía del Nestea de durazno sobre el de limón, el aparente estatismo de Guaidó es ya una narrativa. Es decir, es una interpretación social consolidada, la cual no es refutada y que genera extrañeza -incluso repudio- cuando es contrariada. No importan los datos, los hechos o los argumentos, pues prepondera la opinión y la emoción, la viralidad y la sensación. Repercute más la plantilla adaptada de 9gag, por un administrador de una página de Instagram, que la opinión de un cientista social. En últimas instancias, la aversión de la posverdad hacia los intentos por transformar para mejor nuestra crítica contingencia. 

Y es que, a diferencia de los tés, lo que ello implica no se remite a una cuestión tan frívola como el gusto en bebidas. En cambio, está afianzada visión de los acontecimientos produjo la deslegitimación del último intento  que la oposición ha dispuesto -por ahora-, para adversar al régimen. Aunque se han cometido innumerables malas praxis, las cuales han de ser visibilizadas y propiamente denunciadas, el peligro de tal narrativa es vívido. 

En consecuencia, actualmente no hay una lucha por la democracia a la que la población pueda sumarse. A decir verdad, sin la mesura necesaria, el afán por la sátira y la ironía se encargará de que en el futuro tampoco exista.

 

Percepción de la situación país en febrero de 2020 / Fuente: Bloomberg.

Percepción de la situación país en febrero de 2020 / Fuente: Bloomberg.

 

Modernizando los fantasmas del pasado

 

Esto, aun así, no es novedoso: el venezolano ha hecho de la comedia su bastión inexpugnable ante el asedio de la responsabilización social desde hace décadas. Los memes, como método por excelencia de divulgación humorística de la modernidad, no son más que la adaptación contemporánea de tal costumbre. Sin embargo, su alcance de hoy en día no cuenta con precedente alguno, y estamos en una era donde la información es demasiado accesible. Tan accesible que abruma y sobrecoge, por lo que la fuente más fácil de digerir es la única a consultar. Y no hay nada más fácil de leer y malinterpretar que un meme.

 Por ende, la culpa no es exclusiva de la cultura memística y de sus propulsores, sino también, del lector que la asume como verídica. El problema, independientemente del caso, es que la opinión pública es una fuerza coercitiva de amplio poderío, y está siendo utilizada inocentemente de forma nociva. Bromear sobre la gestión de Guaidó no es un acto amenazante en sí mismo, pero resulta preocupante cuando esa simplificación se reviste de verdad. Seguir promocionando estas ideas ayudará a seguir sobrellevando la crisis, pero lo hará a costas de cualquier transición a la que se pueda aspirar.

 

Víctor, Tik Tok y la normalización de la precariedad

 

Si considera que es extremista, la propia situación de la oposición política en Venezuela es, en menor o mayor medida, reflejo de esa óptica mancomunada. Luchas como las de la presidencia interina necesitan, inexorablemente, del apoyo de la ciudadanía, de su respaldo para ser legítima. Caso contrario, son otro vano esfuerzo por dar nombre a la nueva punta de lanza de un país,  que ya no sabe a dónde apuntar. Como diría Séneca, para quien no sabe hacia dónde se dirige, ningún viento es favorable, y el buque venezolano está más que a la deriva. Ojalá los memes sigan siendo tan amenos durante el día del naufragio.

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