Meritocracia y discurso de igualdad: un debate actual

24 octubre 2021
Publicado por: Nicolas Arámbulo

El término “meritocracia” fue acuñado en 1958 por el sociólogo Michael Young, en su libro “The Rise of the Meritocracy”. En esta obra el autor mostraba una sociedad distópica en la que el Estado, valora la aptitud y la inteligencia por encima de todo. 

Según la Real Academia de la Lengua, la meritocracia es “un sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales.”. Pero mucho más allá del concepto, se ha extendido y se ha asumido como una manera de entender las sociedades y las organizaciones.

 

El término meritocracia fue acuñado en 1958 por el sociólogo Michael Young.

El término meritocracia fue acuñado en 1958 por el sociólogo Michael Young.

 

La meritocracia ha sido centro de debates, sobre si realmente contribuye a un desarrollo “justo” de las naciones o si, por el contrario a esto, profundiza la “desigualdad”.

 

Igualdad de oportunidades o igualdad de condiciones

 

A propósito de este sempiterno debate, es importante contrastar los argumentos que esgrimen las corrientes de pensamiento en un sentido u otro. En este sentido, no puede pasarse por alto el reciente comentario realizado por el Presidente de Argentina Alberto Fernández. 

En una intervención pública, el Presidente argentino dijo:

“…en verdad lo que nos hace evolucionar o crecer, no es verdad que sea el mérito como nos han hecho crecer en los últimos años. Porque el más tonto de los ricos tiene muchas más posibilidades que el más inteligente de los pobres, entonces no es el mérito, es darle a todos las mismas oportunidades.”  

Este enfoque que manifiesta el presidente Fernández, rechaza la meritocracia, porque según él, no todos los sectores sociales tienen las mismas oportunidades de crecimiento. Pero, precisamente, uno de los pilares fundamentales de la meritocracia es la igualdad de oportunidades, y está claro que su ausencia genera desigualdades sociales. Esto es reconocido por defensores y detractores de la meritocracia. En todo caso, los más acérrimos críticos de la meritocracia resaltan la falta de “igualdad de condiciones”, como aspecto que imposibilita un desarrollo justo desde la meritocracia.

 

Presidente de Argentina, Alberto Fernández / Foto: AFP.

Presidente de Argentina, Alberto Fernández / Foto: AFP.

 

La igualdad de condiciones, va mucho más allá de la igualdad de oportunidades. Aquella tiene que ver con el punto de partida desde que inician los individuos. ¿Puede competir y salir airoso un joven nacido en la extrema pobreza, con un joven nacido en un hogar pudiente? Esta pregunta persigue llegar a la conclusión de que no. No sería justa la competencia, porque las condiciones de vida del nacido en pobreza, no dependen de su accionar o esfuerzo personal.

 

¿La suerte también cuenta?

 

También hay opiniones que esgrimen que la mayor parte de gente talentosa, en realidad, se esfuerza muchísimo para conseguir un éxito moderado. Manifiestan que: «hay miles de ellos por cada persona habilidosa y perseverante que se hace rica, por disparidades que emergen de eventos al azar«.

Ciertamente, a veces estar en el lugar indicado, con la persona indicada y en el momento indicado, puede ser determinante en la consecución de logros. Pero, ¿este factor, que puede incidir en el éxito individual de algunas personas, puede determinar el desarrollo de una sociedad o una organización? No pareciera ser así.

 

La igualdad a ultranza

 

La meritocracia centra el desarrollo en el premio al esfuerzo, en las capacidades y talentos individuales, en la inteligencia que pueden desarrollar en diversas formas los individuos. Criticarla porque “genera desigualdades” porque es injusto premiar al más creativo o al más inteligente, al que más se esfuerza, pareciera que busca establecer una “igualdad obligatoria”. Con base a una concepción de este tipo, ¿no se estaría coartando la capacidad creadora y el talento individual? 

En conclusión, las posiciones encontradas nos muestran visiones de la sociedad, de las organizaciones y hasta de la vida, distintas. No puede dejarse de lado, que las diferentes visiones no escapan a la ideología política y económica que fundamenten las posiciones. Quienes tengan una visión colectivista no escatimaran argumentos contra los talentos individuales. Por otro lado, quienes tengan una visión liberal, rechazan el sacrificio del talento individual en pro de una igualdad, que en muchos casos pareciera forzada.

 

Reconocimiento Internacional y legitimidad: caso Venezuela

 

La corriente defensora de la meritocracia, afirma que ésta es la mejor forma de lograr el desarrollo de las sociedades y las organizaciones, y respetar la libertad individual. Que en definitiva: “los directivos reclutados, seleccionados y promovidos, bajo criterios meritocráticos tienden a ser mejores gestores públicos que sus homólogos nombrados por confianza.

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