Al hablar de la Unión Europea existen dos tipos de posiciones. Por una parte, están quienes confían plenamente en el proyecto europeo como la mejor esperanza de la humanidad, para construir un sistema internacional más justo y pacífico. Y, por otra parte, quienes levantan una ceja desde el escepticismo que causa el intento de construir una región moral en un mundo inmoral.

Sin embargo, más allá de las esperanzas, temores y críticas que pueda tener cada uno de estos grupos, lo cierto es que Europa importa en la política internacional. No solo debido a sus capacidades actuales, en tanto el bloque comercial más grande del mundo. Sino debido a su potencial como un jugador estratégico, en un mundo que se caracterizará durante los próximos años por la competencia entre grandes potencias.

Así, la Unión Europea tiene ante sí una serie de retos, que incluyen su relación con Rusia, China y los Estados Unidos, el auge de los nacionalismos, y la integración política. Pero también grandes oportunidades para coordinar su acción política a nivel global, y convertirse en una voz importante en los asuntos globales. De la interacción entre estos retos y oportunidades, y de las decisiones estratégicas que tomen las principales potencias europeas, Francia y Alemania, dependerá el futuro de la Unión Europea.

 

La integración de la Unión de la Unión Europea (1958 - actualidad) - Infografía elaboración politizados.com

La integración de la Unión de la Unión Europea (1958 – actualidad) – Infografía elaboración politizados.com

Un nuevo panorama 

 

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, pocas cosas parecían más complicadas que avanzar en la integración europea. Siete años de guerra, y casi medio siglo de tensiones políticas y militares constantes, habían dejado lo que parecía ser un abismo insalvable entre las naciones europeas. Especialmente frente a los rencores que el comportamiento de las potencias del eje, había dejado en los países aliados.

No obstante, la situación en 1946 era radicalmente distinta a la existente en 1918, luego de la Primera Guerra Mundial. Pues, en esta ocasión el centro del poder a nivel mundial se había desplazado desde las capitales europeas hacia las dos grandes superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Y dentro de la nueva dinámica de poder que nacía, los Estados europeos perdieron la mayor parte de su autonomía estratégica. De la noche a la mañana dejaron de ser jugadores, para ser piezas del tablero global.

Esto, por supuesto, impuso nuevas pautas de comportamiento entre los países de Europa occidental. Quienes se encontraban dentro de la órbita de influencia de los Estados Unidos. Lo que tuvo dos efectos simultáneos sobre los Estados europeos occidentales. El primero de ellos, fue aligerar las tensiones existentes entre naciones como Francia y Alemania Occidental. Ya que, ahora existía una amenaza mayor a la seguridad de ambos países, la Unión Soviética, así como un garante de esa misma seguridad, los Estados Unidos.

El segundo efecto fue el impulsar una mayor integración entre los países europeos patrocinada por los Estados Unidos. A dicho país, le convenía que sus aliados trabajasen en conjunto para su defensa y crecimiento económico. Lo que agilizaría las labores de seguridad, al tiempo que permitiría una lucha más eficaz contra el avance de la influencia soviética.

 

El jardín kantiano

 

Esta integración tiene dos aspectos fundamentales. El primero de ellos es la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), alianza militar punta de lanza de la estrategia de seguridad estadounidense en Europa. Mientras que el segundo es la Unión Europea, o, en su momento, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). 

La CECA, fundada en 1951, fue la primera acción de Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, para fomentar la integración económica europea. Promoviendo a través de esta organización el comercio de materias primas relacionadas con la industria siderúrgica. En lo que de hecho era un primer paso para el acercamiento entre naciones enemigas durante las dos guerras mundiales, pero que en ese momento enfrentan un reto común en la Unión Soviética. 

Este primer paso hacia la integración pronto avanzó con la firma de los Tratados de Roma de 1957, con el que se funda la Comunidad Económica Europea (CEE). Y en ese mismo año con la fundación de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom). Juntas, estas tres comunidades fueron los pilares sobre las que se fundaría finalmente la Unión Europea en 1993.

 

El 25 de marzo de 1957 se firmaron los Tratados Constitutivos de la Comunidad Económica Europea, conocido como los Tratados de Roma, que dieron origen a la UE.

El 25 de marzo de 1957 se firmaron los Tratados Constitutivos de la Comunidad Económica Europea, conocidos como los Tratados de Roma.

 

Con esto nacía el proyecto de integración más ambicioso hasta la fecha, constituyendo cuerpos políticos regionales. Creando un mercado europeo común, y posteriormente una moneda propia. Y estableciendo como principios rectores, el respeto a los Derechos Humanos y la resolución pacífica de conflictos

Nada de esto hubiese sido posible, sin la protección de los Estados Unidos. La cual permitió que los europeos concentraran sus energías en el fortalecimiento económico, y la construcción de su estado de bienestar. Sin embargo, cuando este apoyo estadounidense parece ser cada vez menos sólido, está en duda si el “jardín kantiano” construido por los europeos, podrá mantenerse en pie. 

 

El final de la unipolaridad

 

El gran acontecimiento en torno al cual giran la mayoría de las decisiones estratégicas de la Unión Europea en la actualidad, es el ascenso de China. Y es que, mientras los Estados Unidos dominaban como el único hegemón del sistema internacional, la Unión Europea tenía una mayor flexibilidad. 

En un mundo unipolar, la dificultad en la toma de decisiones que evita que la Unión Europea pueda proyectar su poder como un Estado, no es tan grave. Países como Alemania no se sienten obligados a tomar el liderazgo europeo. Y los Derechos Humanos y la democracia, pueden ser valores inamovibles de su política exterior. 

Pero cuando los Estados Unidos empiezan a verse amenazados, cuando Rusia resurge como un reto estratégico en la frontera europea. Y cuando China empieza a ser más asertiva en sus aspiraciones globales. Los Estados europeos se ven obligados ahora a tomar duras decisiones, para garantizar su supervivencia y prosperidad en un mundo cada vez más inestable.

Esto además en medio de una crisis política interna, causada por el resurgimiento de los nacionalismos. Una tendencia que ya ha llevado a la salida del Reino Unido de la Unión Europea, y que está amenazando la estabilidad de países con movimientos nacionalistas extremistas como Italia, España y Francia

 

La cumbre entre la Unión Europea y China de 2020 mostró las dificultades existentes en la relación entre el bloque y Beijing. - Foto: Reuters / Yves Herman.

La cumbre entre la Unión Europea y China de 2020 mostró las dificultades existentes en la relación entre el bloque y Beijing. – Foto: Reuters / Yves Herman.

 

¿Qué depara el mañana a la Unión Europea?

 

De esta manera, podemos identificar al menos tres tareas que en materia de política exterior definirán el futuro de la Unión Europea:

1) La definición de una nueva relación con los Estados Unidos y China. Especialmente, a medida que Washington presiona cada vez más a la Unión Europea para que asuma una posición más beligerante hacia China. Algo que los europeos quieren evitar a toda costa, entendiendo que, debido a su posición geográfica y sus relaciones comerciales con China, el gigante asiático no es una amenaza de primer orden para ellos, como lo era la Unión Soviética

Sin embargo, y mientras Europa siga dependiendo de los Estados Unidos para garantizar su seguridad, es probable que deba ceder en muchas ocasiones ante las presiones americanas. Una situación que ya genera estrés entre los Estados de la Unión Europea, los cuales tienen visiones distintas en torno a sus relaciones con China.

2) La creación de una política común hacia Rusia. Una de las tareas más complicadas para Europa, especialmente en tanto que las posiciones varían radicalmente entre los Estados de la Unión. Así, mientras países como Polonia o Hungría ven en Rusia una amenaza directa e inmediata a su seguridad nacional. Otros como Alemania, ven en Rusia un aliado comercial, o como en el caso de Francia, un aliado estratégico para obtener mayor flexibilidad frente a los Estados Unidos.

3) Profundizar la integración política. La que es probablemente la tarea más dura para Europa. Pues, mientras la Unión Europea no sea capaz de hablar con una sola voz en el sistema internacional. Por lo tanto, Europa no gozará de la influencia y poder que si posee un Estado nacional con la capacidad de administrar recursos y proyectar su poder.

Un problema cuya solución pasa, además, por solventar el dilema alemán. Ya que, para conseguir movilizar los recursos europeos para alcanzar objetivos políticos como la proyección de poder militar. Es necesario que Alemania, país que por sus capacidades económicas está llamado a asumir el liderazgo europeo, se decida finalmente a tomar esta responsabilidad. Algo a lo que se ha mostrado renuente durante décadas, pero a lo que ahora podría verse obligado por las condiciones políticas.

 

Europa post-COVID

 

Todos estos objetivos, además, deben lograrse en un contexto de enorme incertidumbre política en la región. A medida que el nacionalismo sigue tomando posiciones, e incluso la democracia se ve deteriorada en países como Hungría, con gobiernos de inclinación autoritaria.

 

La democracia en los miembros de la OPEP: estudio de los petro-Estados

 

Un proceso que se ha visto reforzado por los efectos que ha tenido la pandemia en los Estados de la Unión Europea. Los cuales, aunque en general tuvieron respuestas competentes frente a la crisis, no han conseguido garantizar un eficiente suministro y distribución de vacunas. Algo que sí ha conseguido el Reino Unido, a pesar de haber concluido recién su proceso de separación de la Unión Europea.  

Lo que, en todo caso, es una muestra de las dificultades que para la coordinación política existen entre los países europeos. Y cuya solución marcará el desarrollo de la Unión Europea en las próximas décadas, así como el papel que la misma jugará en el sistema internacional.