Venezuela y Argentina: Una reflexión diagonal

24 octubre 2021
Publicado por: Ronald Goncalves

Venezuela y Argentina así como el resto Latinoamérica guardan un gran número de similitudes. Producto de la cercanía física y de las relaciones históricas y culturales que atan a sus países integrantes, existen Estados cuyas realidades, actuales y futuras, muestran una mayor semejanza. Para el caso que aquí nos compete, Venezuela y Argentina son dos naciones que, dentro de sus diferencias palpables, resultan sumamente homogéneas. Una afirmación que se puede constatar al comparar el futuro de los venezolanos con la contemporaneidad de los argentinos.

En aras de entrar en contexto, y sin distanciarnos en demasía en el tiempo para encontrar los justificativos de los acontecimientos a continuación, es necesario mencionar dos apellidos: Chávez y Kirchner. La terna de mandatarios, aunque el primero con mayor protagonismo internacional, y duración en el gobierno que los segundos, forma parte de la camada del denominado Socialismo del Siglo XXI.

Es decir, teórica y generalizadamente hablando, una doctrina con énfasis en elementos como las ayudas sociales, el Estado de Bienestar o la democracia participativa. Al igual que la economía centralizada, la propiedad comunal o los subsidios. Pero también el populismo, el personalismo, el rentismo, el control de cambio y más ingredientes que, ciertamente, conforman una larga lista de parecidos.

El por qué precisar incisivamente este «efecto espejo» tiene un sencillo razonamiento. Dentro de las democracias que permitieron sus respectivas elecciones, el perfil de los gobernantes a los que aspiran ambas ciudadanías son, en síntesis, el mismo.

Las propias condiciones contextuales e históricas tanto de Venezuela y Argentina, muestran características rápidamente comparables. Países con pasados dictatoriales relativamente recientes, últimas figuras de gobierno decepcionantes, ansias de reivindicaciones sociales, dependencia prominente de una única materia prima. Mismo cóctel, diferente colorante.

 

El gobierno de Macri detuvo un manifestante por día, según un informe elaborado por el Observatorio del Derecho Social de la CTA - Fuente Deutsche Welle

El gobierno de Macri detuvo un manifestante por día, según un informe elaborado por el Observatorio del Derecho Social de la CTA – Fuente Deutsche Welle.

 

La fiel inherencia latinoamericana

 

Lo previo, cabe destacar, es independiente de los entresijos desarrollados en la primera década del siglo de forma individual en cada país. Sin desestimar el impacto de las diferencias culturales y coyunturales, es sencillo concluir que, en ambos casos, tales condiciones desembocaron en el apoyo de tales sistemas.

Salvando las distancias de las crisis actuales que enfrentan los vinotintos y los albicelestes, es una realidad que se encuentran en condiciones deplorables.

Años y años de bonanzas, prácticas macroeconómicamente irresponsables, corrupción, incultura política y mucho, mucho populismo no han pasado en vano.

 

Alberto Fernández, Presidente y Cristina Kirchner, Vicepresidenta de Argentina - Fuente Télam.

Alberto Fernández, Presidente y Cristina Kirchner, Vicepresidenta de Argentina – Fuente Télam.

 

Entonces, ¿Qué los diferencia en este preciso instante?. Grosso modo, que, en 2015, Argentina logró separarse de 12 años de kirchnerismo. Mientras que, Venezuela aún no se deslinda de más de 20 años de chavismo. Si seguimos la línea paralela que la dupla ha desenvuelto en el último par de lustros, resulta factible considerar que Argentina es el reflejo temporalmente diagonal de Venezuela.

Por supuesto que, la legitimidad de origen y de facto se convertirán en una sola en algún momento. Es previsible que Venezuela experimentará lo mismo en una venidera administración post-Maduro.

Sin ahondar demasiado, la presidencia de Fernández es el síntoma de un Macri. Pese a cumplir con la reorganización del aparato estatal que ameritaba el país, se vio superado por un entorno adverso. Un entorno gestado en el seno de una población acostumbrada, a una vida completamente alterna a la propuesta por el ahora expresidente.

A meses de asumir la presidencia, el dirigente argentino padeció una considerable reducción del apoyo poblacional, debido a las impopulares, aunque argumenta necesarias, decisiones en materia económica. Disminuyó el número de ayudas sociales, liberó el control de cambios, erradicó progresivamente los subsidios. En el marco de un país abatido por el desfalco pero, a su vez, por la mencionada incultura política, nada de ello sentó bien en la población. ¿La consecuencia? Quién habita hoy la Casa Rosada. 

 

A las puertas de un uróboro venezolano

 

Lo previamente narrado sirve para definir un futuro vaticinable, aunque no obligatoriamente rígido, de Venezuela. Mismo desconocimiento del funcionamiento de lo público y de lo ciudadano, mismo acostumbramiento a la anarquía, la falta de valores y el paternalismo estatal como estandartes del «sistema».

Con esto en mente, el hipotético arribaje de un nuevo presidente -trascendiendo de la figura provisional de Juan Guaidó- implicará una inmediata oposición, tal y como sucedió con Macri años atrás. Las inevitables políticas, reformas y cambios en la estructura actual del país. Incluso, aunque sean aplicadas de una forma escalonada, reportarán una instantánea aversión hacia la personalidad al mando.

La carencia de un nivel mínimo de educación y conciencia social, no permitirán comprender las razones de decisiones que, en principio, se ven «en contra del pueblo». El resultado, consecuentemente y conociendo el curso cíclico de las naciones, implicaría el regreso del chavismo a Miraflores. La promesa de volver a la época dorada, pese a que mantendrán líneas más sosegadas y moderadas en aras de atraer a los votantes descontentos, desconfiados y sin representación.

 

Memes: ¿El principal enemigo de Juan Guaidó?

 

Esto definitivamente, será un gran aliciente para un electorado emocional. Para unos votantes apegados a las viejas glorias y ávidos de ese cobijo estatal que, una vez más, eventualmente, se les arrebatará, a gran o pequeña escala.

Y es que, pese a que difieren en la magnitud de fondo, las formas de las historias modernas de Venezuela y Argentina son sumamente cónsonas. Al menos, lo suficientemente semejantes como para prever que, para bien o para mal, transitan caminos similares hacia el mismo fin repetitivo. Hacia un desenlace que, eventualmente, sin la mano de la educación de por medio, llegará. Tarde o temprano, pero llegará, y solo el fortalecimiento de la cultura permitirá quebrantar las cadenas del ciclo.

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