Víctor, Tik Tok y la normalización de la precariedad

24 octubre 2021
Publicado por: Ronald Goncalves

“Hola, soy Víctor”. Tres palabras, doce letras y un fenómeno nacional. La irrupción de Víctor Torrealba en la plataforma de Tik Tok ha sido uno de los momentos más llamativos del por sí particular 2020. Su popularidad en Venezuela crece a la par de sus seguidores, contando con más de 70.000 personas que visitan sus estrafalarios vídeos, luego de cuatro meses en la red social.

Sin lugar a dudas, un garante de contenido invaluable para cuentas humorísticas de Instagram, Facebook y Twitter y un reflejo sumamente singular de la normalización de la precariedad en el país.

 

 

Un influencer ciertamente particular

 

Aludiendo a esto, hablar de la coyuntura de la nación no es un acto precisamente innovador; todos conocemos nuestro crítico contexto. Sin embargo, lo acontecido con el autodeclarado fan del vallenato, es cuando menos, digno de estudio. Y es que su vertiginoso ascenso como influencer, guarda tras de sí un análisis ciertamente complejo, tanto en lo social como en lo generacional.

Nos hallamos frente, a más que la mera idea de un adulto de mediana edad que comparte su día a día en breves grabaciones, jocosas por demás, debido a sus rudimentarias expresiones verbales y corporales. Nos hallamos frente a la demostración última de la aceptación de la crisis.

Por su parte, es posible que la frase previa de la impresión sea alarmista, y quizá lo sea. No obstante, existe una relación directa entre: ¿Por qué Víctor ha logrado popularizarse por encima de otros creadores de contenido? ¿por qué ha sido de forma predominante entre los jóvenes? ¿por qué es un espejo del asumir más visceral de nuestra cruda realidad?.

No es casualidad, que Víctor genere más furor entre los integrantes de la denominada Generación Z, y en una fracción de los millennials, que figuras de mayor presencia en la palestra pública como Marko o Javierhalamadrid. Es en realidad, una situación lógica.

 

Foto extraída de Víctor Torrealba en Tik Tok @victor.474.

Foto extraída de Víctor Torrealba en Tik Tok @victor.474.

 

 

Cuando el humor se encuentra con la desesperanza

 

En estos términos, la imperatividad del absurdismo y del sinsentido en el humor moderno es, ante todo, la respuesta básica a las dos primeras preguntas planteadas en el párrafo anterior.

Actualmente, la juventud encuentra más hilarante lo abstracto, aquello sin valor nominal, carente de forma y ajeno a los códigos tradicionales. Así, Víctor es la evocación perfecta de lo irracional, y de lo espontáneo, pero también de lo conocido y cercano.

El hecho de que tenga que subir el cerro con su bombona de gas, no sólo resulta jocoso por cómo lo expresa, sino porque es la realidad, que esta generación ha percibido. “Es gracioso, porque es cierto”.

Por ende, Víctor, quien, según sus vídeos, vive en una casa humilde, pasa días sin servicio de agua, carece de empleo formal y demás contingencias usuales en la población venezolana. Es una vívida imagen de la cotidianidad nacional; una que, por más normal que sea, debería ser difícil de digerir.

La precariedad es una de las facetas más palpables de la rutina del país. En principio imprevisible mejora de la situación, el humor -específicamente, los memes- es el mecanismo por excelencia de la nueva generación, para poder lidiar con una realidad cuyo cambio inmediato se escapa de sus manos. Es pues, el catalizador de una frustración generacional.

 

Foto: El Periódico - Ronaldo Schemidt.

Foto: El Periódico – Ronaldo Schemidt.

 

En el límite entre la normalización de la precariedad y la concientización coyuntural

 

Su exagerada disposición, empero, está llevando a los jóvenes a una estática aceptación del desastre. Grosso modo, la constante exposición de los infortunios diarios de Venezuela genera un efecto adverso al de informar. En ese sentido, produciendo apatía y renegada aceptación de un día a día que, aparentemente, no tiene solución material alguna.

Por lo tanto, cuando de memes, el medio más básico y replicado de la difusión informativa de la actualidad, se trata el proceso de aceptación, y se agudiza. Víctor, sin ser consciente de ello, es un eslabón más de una larga cadena de desidia, qué lo parezca o no, alimenta una narrativa de desesperanza estimablemente profunda y perjudicial.

De este modo, en lo que a salud mental se refiere, esta clase de eventualidades sirve a los jóvenes como válido mecanismo de escape. Ante un contexto abrumador, hasta para la más fuerte de las psiques, es asimismo un peligro latente. Existe una línea extremadamente difusa entre la normalización y la concientización. Y saber ubicarnos en el lado correcto será vital para evitar la indolencia que, durante décadas, ha sido motivo de permisiones e impunidades.

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En síntesis, y a pesar de que su popularidad está decayendo, al volverse consciente de su propia repercusión y dotar de premeditación un contenido que brillaba exclusivamente por su naturalidad. Los jóvenes pueden continuar disfrutando de los videos de Tik Tok de Víctor Torrealba.

El único sacrificio que deben hacer es no olvidar que nunca estas realidades han de ser normales, puesto que la precariedad en ningún momento debe ser considerada como normal. La conciencia es el transformador social por antonomasia, pero solo cuando se utiliza con sabiduría y madurez.

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